Reflexiones

Hay veces que te sientes vacío, que no es lo mismo que sin ganas, que no es lo mismo que dormido o atontado. Hay veces que esta sensación cambia durante una o media jornada, o al rato.  Una siesta, una película, una conversación con tu acompañante, son suficiente para hacerte cambiar el estado de ánimo. Los problemas laborales, familiares, económicos tienen esa rara virtud de “achicopalarnos” (que dicen nuestros colegas mejicanos) y dejarnos fuera de juego.

Todo es relativo. Nuestra mente se concentra en lo que nos preocupa y busca soluciones que nos satisfagan, y al no encontrarlas nos tira por el suelo. El gran maestro Edward de Bono nos enseña que el cerebro puede aprender a pensar de diferentes formas, que podemos aprender a utilizar esta herramienta fundamental de diferentes formas sin que su respuesta sea dirigida por nuestras preocupaciones. “El pensamiento paralelo” es una de sus obras maestras. En ella nos orienta en la utilización voluntaria de nuestro pensamiento hacia una meta. Nos pone en marcha para pensar en aquello que queremos de muchas formas, de formas alternativas.

Cuando no vemos la luz, una camino desconocido hacia el mismo objetivo puede ser un buen camino. Y no perdemos nada al recorrerlo.

Gracias de Bono

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