Maleducados

No lo podemos aguantar. En cuanto tenemos ocasión de hablar de nosotros mismos nos lanzamos. Sea de lo que sea, estemos hablando del tema que estemos hablando, en cuanto vemos un hueco para largar nuestros recuerdos, nuestras experiencias…. allá vamos. Es superior a nuestras fuerzas. Colocamos nuestro ejemplo, nos quedamos anchos, y ya está. Ni que decir tiene que no viene a cuento casi nunca, pero da igual. A veces, en el pecado llevamos la penitencia, porque inmediatamente nos damos cuanta de que hemos cortado el rollo al interlocutor. Bueno, con una sonrisa amable todo arreglado.

Una variedad de esta falta de educación, o de este defecto humano, lo cometemos los padres. Todos los que somos padres sabemos que no hay nada en este mundo que nos importe mas que nuestros hijos. Y ahí caemos con todas las consecuencias. Si nos gusta mucho hablar de nosotros, eso no es nada con lo que nos gusta hablar de nuestros hijos. De sus virtudes, de sus capacidades, de sus logros, de sus nada. Estamos hablando de nosotros.   Sin darnos cuenta el discurso es el mismo. Al contar las grandezas o bajezas de nuestros hijos estamos desnudando nuestro ser, nuestra voluntad, nuestros orgullos o insatisfacciones. En nuestro subconsciente, o a veces inconsciente, nos proyectamos en ellos e identificamos sus conductas en comparación a las nuestras a sus años. ¡Qué tontería! Orgullosos de cambiar los tiempos esperamos que nuestros hijos hagan las cosas como las hicimos nosotros. ¿Qué pasa, que no lo hemos conseguido? o ¿es que nos hemos equivocado?

Estamos hablando de nosotros, pero con absoluta impunidad, tras ellos, escondidos en nuestras mejores máscaras. La cosa es hablar de nosotros.

Seamos serios, cuando alguien nos cuenta algo no lo hace preguntándonos por nosotros, sino por alivio personal, por consultar nuestra opinión, porque necesita soltarlo. No le ayudamos contándole que nosotros tal y cual, o esto y aquello. Le debemos escuchar atentamente, ponernos en su lugar e intentar comprenderle. Podemos utilizar nuestras experiencias para ello, pero no soltarlas. Si todo lo que hemos vivido a penas nos sirve a nosotros para qué lo vamos a contar.

 

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