¡Mira que souquet de pescado!

Os voy a presentar uno de mi platos más ricos, quizás el que más me gusta, el “souquet de pescado”. Este nombre viene de la costa catalana y valenciana del norte. Se denominaba souquet al guiso que hacían los pescadores al acabar el día con los pescados que no podían vender. Siempre lleva patatas, si no las lleva es una zarzuela (depescado o de marisco). El resto de los ingredientes pueden variar, pero eso sí, respetando siempre el caldo de pescado, el pescado y las patatas. Yo hoy he utilizado, para cuatro personas lo siguiente: dos colas de rape, dos filetes de cabraroca, ocho gambones,  anillas de sepia, almejas, patatas, cebollas, tomates, ajos, perejil, avellanas, pimienta blanca, pan seco, harina, aceite y sal. ¡Ah! que se me olvida, una vaso de vino blanco.

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Empiezo haciendo un caldo de pescado con las espinas de las colas de rape, las cabezas de las gambas,  una espina de merluza que tenía congelada y perejil.

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Puesto este puchero en el fuego a cocer un rato, comienza el baile. Vamos a pasar todo el pescado por la sartén con un poquito de harina. Solo sellarlo, para que se queden todos sus jugos en el interior.

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El rape, la cabraroca y la sepia los salamos antes de pasar por la harina. Primero paso las gambas, y sobre el aceite de éstas frío los ajos, las avellanas y el pan, para hacer la picada. Luego, en el mismo aceite paso el pescado.

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Después de esto ponemos a pochar la cebolla cortada en trocitos pequeños. A mí me gusta dejarla en la salsa, junto con el tomate sin pasar, que la salsa sea un poco rústica. Si queréis podéis pasar la cebolla y el tomate si no os gusta encontrároslos en el plato.

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Como veis en las fotos anteriores he preparado los ingredientes de la picada en el mortero para prepararla mientras se pocha la verdura.

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Cuando la verdura está pochada añado la patata, cortada en ruedas gordas, y el vino blanco. Una vez reducido el vino le pongo el caldo de pescado y dejo cocer hasta que la patata esté al punto. No sé deciros cuanto tiempo porque depende de la patata, y ésta depende de cual sea y de en qué época del año estemos. Ahora resulta que tenemos que hacer un cursillo para comprar y utilizar las patatas, con toda esa variedad que nos ofrecen.

Cuando las tengo hechas añado el pescado, las almejas y la picada. Vigilo que se abran todas las almejas y dejo reposar a fuego lento unos diez minutos. Luego pongo las gambas encima y una ramita de perejil en el centro. Ya podéis preparar bien de pan y no le pongáis nada por delante, o algo muy fino, o de aperitivo, es un plato con sustancia que merece la pena disfrutarse como plato único.

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Crónicas de La Región

Apenas una tenue luz gris traspasa el cielo. La Región se prepara para otro sábado húmedo de libro y fuego. El martillo incesable de la acostumbrada lluvia ha borrado cualquier recuerdo de lejanos días luminosos. Se suceden las jornadas de trabajo y de asueto sin interés, casi sin ilusión. Los ciudadanos han dejado de hablar del tiempo en los elevadores y en la larga fila de la casa de empleo. Los pequeños animales campestres buscan refugio y comida en los hogares cercanos. Es el tiempo de la crianza y la comida natural todavía no ha llegado. La maldición oscura se lo impide. El olfato les lleva a los hogares como último recurso de supervivencia. Hormigas, ratones, moscas, buscan refugio en las casas impulsadas por su reloj natural, empujadas por su instinto cíclico que no sabe de condiciones atmosféricas. Las pocas flores atrevidas pudren sus pétalos en un baño persistente. Algunos osados frutos tempranos yacen al pié de sus árboles, impedidos, sus pedúnculos, de fortalecerse con el sol. En los hogares escasea la leña. La lluvia impidió talar a tiempo las hayas de quema de hogar en la buena luna. El barro hace imposible sacar del bosque la necesitada madera.

No es la climatología la única que ha empeorado. Parece que ha venido a sucumbir al malestar general. Fuera de sus hogares los ciudadanos luchan por mantener sus oficios, unos, y por mantener sus familias, otros, los que ya lo perdieron. Lejos ya los tiempos de bonanza, sometida la población tras varios años de dura escasez, el miedo impera. Los gobernantes parecen no conocer su oficio y se revuelven en refriegas internas alejadas de los verdaderos problemas del pueblo.

Llegan voces de que todo el mundo conocido esta sufriendo las mismas calamidades. La naturaleza parece rebelarse con tornados, huracanes, terremotos, y volcanes. No existe consuelo, solo abnegación.

Escrito al alba del uno de junio de dos mil trece, esperando al poder amarillo.