Coworking

Se lee que se creó. o apareció por primera vez en 1999 y que su difusión generalizada llegó en el 2009.

A mí me parece una de esas costumbres modernas que, a caballo de las nuevas tecnologías, nos invaden con un halo de gran descubrimiento y creatividad.

Ciertamente me molesta esta nueva costumbre, la de poner un nombre inglés a algo que es más viejo que la tos y quedarnos con la boca y los ojos abiertos ante tamaña gesta creativa.

Compartir el espacio es tan antiguo como el propio espacio y compartir, lo que sea, más. Desde que el ser humano fue consciente de sus semejantes compartió algo.

Llevamos muchos años viendo como los comerciantes comparten espacios en galerías, multicentros o grandes superficies. Siempre hemos conocido centros mèdicos en los que distintos especialistas comparten espacio y personal. También ha ocurrido ésto, tradicionalmente, en centros de belleza, bufetes de abogados y otros profesionales de servicios empresariales. El denominador común, en todos los casos, es la posibilidad de compartir alguno de los recursos más importantes (secretarias, instalaciones, equipos, etc.), pudiendo cambiar de local sin las molestias de una gran mudanza; ya sabéis, dos traslados equivalen a un incendio.

Yo mismo, cuando comencé mi andadura profesional, compartía local, mesa, teléfono y máquina de escribir con dos ingenieros especializados en seguridad e higiene empresarial. Era en mil novecientos ochenta, y estos temas eran incipientes en el mundo de la empresa. Así que tres asesores fiscales y dos ingenieros se lanzaron en todo un “coworking” en el siglo pasado.

No os extrañe que cuando oigo la palabreja mire de reojo y se me escape un “¡ya, ya!”.

Quiero iniciar con éste escrito una categoria en el  blog que llamaré “invasismos” y obviamente dedicaré a todas las cosas que me parezcan que ya existen y que ahora nos las presentan con un nombrecito, generalmente en inglés, como grandes avances culturales de la nueva era.

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La vida sigue

Empezamos el año de la recuperación. Ya sabéis, primero la recuperación se lee, luego se habla y para cuando se nota pasan unos años. Como la crisis, igual.

El caso es que se nota en el ambiente más ganas que de costumbre de que todo vaya bien. De que nos ayudemos, de colaborar, de generar sinergias que nos empujen a todos hacia arriba.

Nos hace falta. No podemos aguantar más este pesimismo que nos ha abrazado en los últimos años. Un chute de ilusión nos viene de maravilla para enfrentar esta cuesta de la recuperación.

No va a ser rápida. Iremos recuperando poco a poco, casi sin darnos cuenta. Pero no debemos desfallecer en el esfuerzo ni dejar de estar atentos a todas las oportunidades y a nuestra mejor preparación.

Los años nuevos siempre son motivo de ilusión y de renovación de propósitos, o metas que queremos alcanzar en los doce meses que tenemos por delante.

Nada más distante de la modernidad virtual que vivimos que un nacimiento. Es el caso de un amigo mío que ha estrenado el año con un par de fantásticos gemelos que van a cambiar su vida. Sin duda que su visión de la vida da un vuelco y su escala de valores cambia. Todo comienza a tener el sentido justo y verdadero. La motivación se escribe con mayúsculas y en negrita. De repente uno pasa a ser el esclavo más feliz del mundo; por que conoce su objetivo en esta vida. Aparece el “porqué”.

Y digo ésto por que mi amigo es un especialista en el mundo virtual, en lo online, en las webes. Y le han caído dos cachorros, nada virtuales, que le van a cambiar la vida. Los reyes le han traído dos cookies, sin autorización, de los que va a aprender a vivir.

Fenomenal inicio de año el de mi amigo. Y valga esto para recordarnos que las cosas de verdad no son virtuales. Que la virtualidad se esfuerza en atrapar nuestro interior, en amarrarnos a un mundo sin contacto, aunque el objetivo (virtual) sea tener muchos. Pero nuestro interior necesita otras vías de comunicación. Y desde aquí, y en este momento os lanzo un reto. Me gustaría recibir, y prometo contestar, cartas manuscritas. Me muero de ganas de dar la vuelta a un sobre y mirar quién me la envía. ¡Qué ilusión!.

Hay que atreverse ¿eh?. Es mucho más fácil escribir un correo electrónico, o un wasap. Pero no os quepa ninguna duda que tiene mucha más sangre una carta que un email. En todos los sentidos.

Con todo mi cariño para mi amigo, y en contra de su profesión, lanzo este reto: atrévete a enfrentarte a un papel blanco.

La vida es un papel blanco que vamos escribiendo sin darnos cuenta cuando lo hacemos, y solo podemos leer lo escrito.

Ahí va mi dirección:

  • Carlos Zamarbide
  • Av. Pío XII, 30, esc. izda., 8º C
  • 31008 Pamplona (Navarra)

Un abrazo muy fuerte a todos y que el dos mil catorce nos abra los ojos.