Menos ratones y más hormigas

Tengo que retomar la costumbre de escribir a mano porque parece que tiene ventajas sobre la escritura a través de teclado.

Recientemente he leído un artículo, que me ha llevado a otros, en los que citaban ventajas de la escritura manuscrita frente a la “informática”. Científicos amaricanos vieron que se activan más regiones cerebrales y se favorece el aprendizaje de formas, símbolos y lenguas. También explicaron que ayuda a expresar mejor los pensamientos y las ideas.

En el mismo sentido un prestigioso neurólogo de un hospital nacional indicaba que la representación que tiene la mano en la corteza cerebral es enorme; así que utilizamos mucho más el cerebro al escribir con la mano.

Otros científicos europeos (noruegos y franceses) compararon los procesos mentales de las dos excrituras, y vieron que en la manuscrita se activan más procesos cerebrales, hasta el punto de que recomendaron fomentar la enseñanza de la caligrafía y la escritura en las escuelas.

Nada que cuestionar, aunque me imagino que quien teclea también piensa primero lo que va a escribir. ¿Serían estos estudios aplicables a la escritura en máquina de escribir?. Sin duda estamos en un momento evolutivo en el que los cambios en nuestras comunicaciones nos obligan a adaptarnos. Y no nos olvidemos de que con la generalización de la informática no podemos aislar a nuestros hijos de su aprendizaje para su uso posterior en múltiples áreas de su desarrollo y vida.

Así que me lo tomaré como un ejercicio más. Como uno de esos que hacemos para relajarnos o para mantenernos en forma. El cerebro también se merece lo sujo y el ejercicio del pensamiento tranquilo, de su expresión ordenada, la sensación de la creación escrita, también reconfortan.

Voy a desempolvar mis viejas plumas, con las que tanto disfruté en otros tiempos, y con su trazo seguro y su toque personal reconquistaré el papel, y a ver si de paso mejoro mi caligrafía.

Luego lo teclearé.

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