Realidad

Hoy quiero escribir, me apetece. Siento la necesidad de sacar algo que se está acumulando y que se parece a un sumidero de agua sucia. Sí, una vez más una espiral, pero en este caso de mierda.

Pero no estoy seguro de contar con toda la información. Sé que las cosas no son como las vemos, porque las vemos como nos las quieren contar, y hay muchos contadores de la realidad.

Acabo de escribir dos líneas y ya parece que voy a hablar de política. No es mi intención, pero el caso es que todo tiene que ver. De mis sensaciones son responsables muchos factores y la política, inevitablemente, o lo que recibimos relacionado con ella, uno de ellos. Y no me gusta. No me gusta ver que nuestros dirigentes se pueden clasificar por el volumen de sus corruptelas. No me gusta sentirlos, que no verlos, esforzándose en acuerdos en la sombra para solucionar asuntos judiciales con un único denominador común, el dinero público, el nuestro, el que hemos pagado. No me gusta que ocupen las primeras páginas de toda la prensa escrita, vista y oída. No debería ser lo más importante. Antiguamente existía una publicación especializada en casos delictivos, generalmente sangrientos, que se llamaba ” El Caso”, y durante cuarenta y cinco años, hasta 1997. “el diario de las porteras” como se le llamaba, relató sucesos trágicos y delictivos de la sociedad española. Ahora tendría material para otros cuarenta y cinco. Y eso es lo que quiero, Que me dejen en paz. Que saquen de los medios de comunicación los delitos y los marginen en una publicación especializada.

Quiero recibir información fresca, formativa, animada y animadora. Quiero que pueda acceder, sin rebuscar, a información de hechos que me hagan sentir bien. Que no tenga que bucear en las páginas, impresas o digitales, para encontrar algo que me ayude a encarar el día o la semana. Que hable de los valores fundamentales, de cosas buenas, que de ejemplos de vida normal y de causas justas. Algo que nos enseñe el camino, no las zarzas. En esta sociedad desnortada llamamos dirigentes a quienes no nos dirigen, informadores a quienes no nos informan, educadores a quienes no nos educan, y a las cosas de verdad las llamamos cultura alternativa.

No me extraña que quienes se incorporan poco a poco, por edad, a este mundo, sientan rechazo. Y les llamamos antisociales o contraculturales. Pero ¿qué es lo que perciben?. No me extraña que se escondan en su música, en sus bajeras, que no quieran crecer, que busquen un lugar distinto, donde vivir no sea ésto que hemos hecho nuestra realidad.

Realidad que nos lleva a que cuando pensamos en el futuro, inevitablemente nos centramos en los problemas que nos pueden acuciar en él. Pocas veces pensamos que en el futuro podremos abrazar a nuestros nietos, pasear con nuestra pareja junto a un río o bajo un bosque o en la playa, escuchar una canción que nos emocione o releer nuestro libro favorito sin interrupciones. Que tendremos tiempo para charlar con nuestros amigos sin prisas, sin horarios, tranquilos. Que podremos recordar, que también podremos imaginar, que nos podremos reír, que podremos llorar, que despediremos a seres queridos y daremos la bienvenida a otros. Que la vida seguirá y seguiremos teniendo sueños.

Esta mañana, solo en casa, he escuchado una nueva canción, un blues, de un grupo español. El blues siempre me ha gustado y he encontrado en él una cadencia especial que me ha hecho ir de abajo a arriba llevándome a lo más alto. No me puedo resistir. El caso es que metían una armónica preciosa que me ha recordado que tenía una de las mías cerca. He probado si estaba afinada en la tonalidad de la canción y ha sido que sí. He empezado a acompañar la canción con mi armónica mientras los pelos se me ponían como escarpias y he vivido uno de los momentos más felices de los últimos meses. Simple ¿verdad? pues de eso tenemos que llenar la vida.

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